June-July 2011 Evangelization Exchange – Gutierrez (Spanish)

A cada uno se le ha concedido el favor de Dios

Magdalena Gutierrez

 

GuttierezYo sé lo difícil que puede ser para un evangelizador católico mezclarse en situaciones sociales. Hace poco estuve en un picnic conociendo gente nueva, escuchando con atención ¡y tratando de recordar sus nombres! Como era de esperarse, alguien preguntó “¿y tu qué haces?” Yo sabía que mi respuesta tendría consecuencias, por lo que ponderé: ¿Debo decirle a esta persona que trabajo para la Iglesia o mezclarme con el resto de la gente? En un segundo tomé la decisión y por primera vez que yo recuerde me guardé de revelar uno de los hechos que me describen mejor y simplemente respondí “Trabajo para una organización sin fines de lucro, pero no te preocupes, no es el Ku Klux Klan.”

Algunos piensan que para ser verdaderamente honesto uno debe revelar siempre sus más profundas creencias y valores, “Yo soy católica y trabajo para la Iglesia Católica.” “Enseño y capacito a los líderes y maestros.” Pero hay momentos y situaciones en que para comunicar mejor la Buena Nueva que es mejor empezar por escuchar nuestra  audiencia antes de hablar. Al componer una sinfonía la mayoría de los compositores comienzan suavemente. Al escribir un libro la mayoría de los escritores comienzan en pequeño. Cuando Evangelizamos debemos imitar a Dios, que nos llamó a una relación revelándose a sí mismo en etapas. ¿Cómo puede un católico empezar a evangelizar?

Muchas veces un buen evangelizador no tiene que asumir la posición de solucionador de problemas sino la ofrecer el amor de Cristo y su compasión. Al establecer una relación con nuestros oyentes podemos considerar una de estas tres rutas: pathos – simpatía, logos – razón o ethos – carácter/valores. En otras palabras, si usted tiene una amiga que está sufriendo la pérdida de su marido o un hijo, ¿necesita la lógica de Cristo o su compasión? No se puede dar una fórmula más que la oración para que el Espíritu Santo nos inspire y nos vaya recordando las actitudes y disposiciones que tuvo Cristo cuando estuvo entre nosotros (ver Filipenses 2).

¿Entonces cuál es nuestra herramienta secreta para emprender esta misión? Simple: ¡Comenzar con nuestra relación con Cristo! Cuando aprendemos a orar con él, hablar con él e ir a donde quiera que él vaya, terminaremos preguntándole “¿en qué puedo ayudar?” y, sin duda, él responderá “ve tu también a mi viña” (Mateo 20). Muchos católicos viven esta relación, pero no necesariamente la ven como material para la evangelización. No tenemos que tener todas las respuestas o ser evangelizadores profesionales participar en la construcción de su reino.

En nuestros encuentros de este verano, descansemos y alegrémonos. Pidamos al Espíritu Santo que nos llene de la alegría de Cristo y la esperanza. Estemos muy dispuestos a escuchar lo que otros compartan de sus vidas. Reconozcamos e incluso celebremos con ellos cómo se nota que Dios los puede estar guiando en su Divina Providencia. Nuestra disposición para escuchar y la alegría de confiar en Dios nuestro Padre, será entonces el punto de partida para otras personas que han estado esperando la buena nueva. Todos queremos saber que somos amados y que tenemos un Padre que nos llama a ser sus hijos. ¡Feliz verano!